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Un rato fijo para las preocupaciones de tu hijo

Si tu hijo encadena un «¿y si…?» tras otro, darle diez minutos al día para sus preocupaciones le ayuda a soltarlas el resto del tiempo. Así se hace.

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Portada: Un rato fijo para las preocupaciones de tu hijo

Tres ideas para que los «¿y si…?» tengan su sitio y no se coman el día.

Estáis desayunando y llega la primera: «¿Y si hoy el profe me pregunta?». En el coche, otra. A la hora del baño, otra más. Tú respondes a todas con cariño, pero notas que cada respuesta abre la puerta a la siguiente y que, al final del día, los dos estáis agotados.

No hace falta que contestes cada preocupación en el momento en que aparece. A veces lo que más ayuda es darles una cita.

Elige juntos un momento y un sitio

Busca diez minutos al día que os vengan bien a los dos. Evita los ratos en los que alguien está cansado, con hambre o ya alterado, y no lo pongas justo antes de dormir: remover preocupaciones a esa hora suele quitar sueño.

Puede ser después de merendar, en el sofá o paseando hasta el parque. Lo importante es que sea siempre parecido, para que tu hijo sepa que ese rato existe y que nadie se lo va a quitar.

Aparca las preocupaciones durante el día

Cuando surja un «¿y si…?» fuera de ese rato, no lo ignores ni lo resuelvas del todo. Reconócelo y guárdalo:

  1. Míralo y nombra lo que pasa: «Veo que eso te preocupa».
  2. Dale una cita: «Lo apuntamos y lo hablamos a las seis, en nuestro rato».
  3. Que lo apunte o lo dibuje en un papel y lo meta en una caja, un bote o un sobre.
  4. Ayúdale a volver a lo que estaba haciendo, con una propuesta concreta: «¿Seguimos con el puzle?».

Al principio insistirá, y es normal. No estás cerrando la conversación: le estás enseñando que la preocupación puede esperar y que va a tener respuesta.

Una preocupación que sabe que la vas a escuchar no necesita gritar todo el día.

Abrid la caja y separad lo que se puede hacer

Llegado el rato, sacad los papeles uno a uno. Puede que algunos ya no le importen; tirarlos juntos también es un pequeño logro.

Con los que siguen ahí, haced una sola pregunta: «¿Podemos hacer algo con esto?». Si la respuesta es sí, elegid un paso pequeño y concreto, como preparar la mochila la noche antes o ensayar qué decir. Si es no, porque se trata de algo que no está en vuestras manos, reconoced lo que siente y guardad el papel en un rincón de «esto no depende de nosotros».

Termina siempre con algo agradable y breve: un juego, una canción, un abrazo. Así el rato no se convierte en una sesión de agobio, sino en un momento vuestro.

Si un día no funciona, o tu hijo no quiere hablar, no pasa nada. Cambiad la hora, acortadlo o probad a hacerlo dibujando. Ningún método sale redondo la primera semana, y que cueste no dice nada malo ni de él ni de ti.

Para empezar hoy: busca una caja o un bote vacío, decidid juntos el nombre de vuestro rato y a qué hora será mañana.

Nota divulgativa: este artículo ofrece ideas generales para familias y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si la preocupación de tu hijo es muy intensa, dura semanas o le impide ir al colegio, dormir o disfrutar, consulta con su pediatra o con un profesional de salud mental. Si tú o alguien de tu entorno estáis en crisis o pensáis en haceros daño, llama al 024 (línea de atención a la conducta suicida, gratuita y 24 horas) o, en una emergencia, al 112.

Referencias

  • familias
  • ansiedad
  • crianza
  • preocupaciones
  • infancia
  • herramientas
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